- qué extraño- le dijo una de ellas- debe ser demasiado tímido-
- o muy demasiado feo- dijo la otra.
Minger rió, pues era la misma conclusión a la cual ella había llegado mientras estaba de vacaciones.
Con varios consejos sobre tener cuidado con extraños, Minger se despidió de sus amigas en la calle de su casa. Era bueno volver a su hogar. Un rato después estaba descansando en su sofá en el tercer piso de su casa. En sus manos tenía el paquete que le habían enviado hoy, lo abrió y comenzó a leer.
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Ya era de mediodia cuando Aidan abandonó el hospital, había estado una semana, aunque aún quedaban algunas vendas en su cuerpo, pero con los extraños remedios e infusiones, no le dolian.
Sky la esperaba en la puerta del hospital. Junto a ella, había un anciano, quien probablemente podría ser su abuelo
-buenos días, o tardes- saludó Aidan.
-hola.- saludó Sky
-buenas tardes joven- respondió el anciano- me presento, mi nombre es Voltren, antes que nada, quiero darte las gracias por ayudar a Yasu, pero lamento que te hayan herido. No era muestra intención el traerte-
- Sr. Voltren, no importa, con tal de que pueda regresar a mi casa, no habrá ningún problema.- aclaró de inmediato Aidan.
-ese es el problema, venga, acompáñeme si es tan amable.
Aiden, Yasu y Votren empezaron a caminar por la calle rústica, hacia las afueras de la pequeña ciudad, allí, enmarcados por la majestuosa cadena de montañas de nieves eternas y al este del bosque, había un prado enorme, donde había jóvenes y adultos haciendo extraños ejercicios. Voltren miró a Aidan:
-Aidan, para regresar a su mundo, deberá aprender a hacer algunas cosas de este mundo, para poder regresar al suyo.
Aidan asintió en silencio.
Cuando cruzaban la plaza, Sky miró el reloj, enmarcado en lo alto de un macizo campanario.
-disculpen, pero debo retirarme, lo siento.- Dijo de repente.
Voltren la miró y le dijo:
-¿tan pronto? Está bien, Yasu, puedes retirarte. Ojalá podamos vernos dentro de algún tiempo.-
Aidan no podía creer que se iba, si sólo había llegado hace una semana, en pésimas condiciones, por cierto.
- ehhh...Sky...digo Yasu ¿porqué te vas?, ¿con quien me quedaré yo?.-
Sky tranquilamente le contestó:
- no te preocupes, el señor Voltren te ayudará en todo lo que necesites, espero volver a verte, porque no sé el tiempo que estaré fuera. Adiós, cuidate.- se despidió Sky
Sin decir más palabras, se dio vuelta y comenzó a caminar en el sentido contrario al que iban.
- señor Voltren, ¿dónde va ella?- quiso saber Aidan
- sólo a terminar algunas cosas que dejó pendientes por traerte a este mundo. No te preocupes, ella estará bien.- lo tranquilizó el anciano.
Aidan dio gracias a que no le escuchara decir el verdadero nombre de la chica, así estaba más tranquilo. Sin embargo el viejo, mientras caminaban le advirtió:
- joven Aidan, tenga más cuidado con lo que dice, Yasu tuvo mucha confianza en decirle su verdadero nombre, para que usted, sin pensarlo, lo ande diciendo.-
Aidan se sorprendió, con razón Sky no se había enojado, el también lo sabía.
- ¿porqué tanto secreto con su identidad?-preguntó.
- pregúnteselo cuando vuelva.- Le contestó amablemente.
Siguieron caminando por el prado, rodeando la ciudad, los edificios no eran como en Falagar, pero se respiraba más tranquilidad que allá. Se sentaron en unas bancas toscas, hechas de madera, frente a un pequeño lago y al sur de una espectacular cadena de montañas al norte de la ciudad. Al este se divisaba un espeso bosque.
-bien, Señor Voltren, ¿qué debo aprender primero?-quiso saber Aidan.
El anciano se echó a reir, miró por los alrededores
- lamentablemente, no soy tan joven como antes, así que le asigné a un entrenador personal para enseñarle lo básico, luego se incorporará a las clases, con los demás.
- ¿sólo él me entrenará?- Preguntó Aidan
- no, yo me ocuparé de los ámbitos que su maestro no pueda, ah, creo que ahí viene, anunció el anciano.
Aiden no estaba preparado para lo que vió a continuación, un imponente toro café vestido y que caminaba sólo en sus dos patas, avanzaba hacia él, con cara de pocos amigos, quiso echarse hacia atrás, pero sus piernas no respondieron. El señor Voltren sólo se levantó del asiento y saludó a la bestia:
- buenas tardes, Tauren.
Ante su asombro, aquel toro fue mutando: las gruesas patas y pesuñas, en piernas y pies, el pecho se deshinchaba y el rostro cambiaba las facciones, se tornaban más humanas, y su color de piel café oscuro a un color tierra claro. Cuando terminó aquella extraña transformación, el toro, se había convertido en una persona común a simple vista. Miró al anciano con respeto:
- Buenas tardes, señor Voltren. Devolvió el saludo el hombre.
El señor Voltren vió la cara de sorpresa de Aidan.
- vaya, ¡que descortés soy!- se disculpó Voltren- Tauren, te presento a Aidan, es el chico que te conté.-
Tauren miró a Aidan con una mirada examinadora, el chico, tratando de vencer el asombro de antes, logró saludar al personaje:
- buenas tardes.....eh...um...señor Tauren. Dijo lentamente
-vaya, Señor Voltren, estoy impresionado -comentó Tauren- francamente pensé que estaba más delgado o débil, pero veo que no, así será más fácil entrenarlo.-
- no te preocupes, logrará lo que tu digas- le dijo el anciano, quien luego se dirigió a Aidan – escúchame joven, durante la proxima semana, entrenarás con él, luego lo harás conmigo. ¿entendido?- preguntó
- si señor Voltren, pero, ¿porqué tan poco? -
- lo que necesitas saber es más inteligencia que músculos- Le dijo, en tono amable.
-bien, chico, ya que estás recuperado por lo que veo, te esperaré mañana en el bosque que está allá, te quiero bien temprano, a las 7, ¿entendido?- dijo Tauren con su voz grave.
- ehh. Si señor.- pensando que iva a entrar a los militares.
-señor Tauren, ¿cómo pudo transformarse?, ¿usó magia?-
Tauren le quedó mirando, y luego al señor Voltren, quien asintió y él fue quien contestó.
- verás, cada mundo es diferente, en éste, la vida se compone de tres partes fundamentales: energía, materia y escencia. Y como debes saber la materia y la energía no se crean ni se destruyen, sólo se transforman. Esto nos lleva a lo siguiente, encontramos un material, que bien podría calificarse según usted como “mágico”, el cual nos ayuda a manipular estos 3 elementos, y con entrenamiento, se pueden realizar varias cosas que usted antes sólo imaginaría, una de ellas, Tauren representado, se les llama Bisoulder, fue capaz de manipular materia y energía para “mutarse”, sin embargo, no se puede cambiar en cualquier cosa, la escencia dicta en que se puede cambiar, y depende de la personalidad verdadera de la persona. La escencia de Tauren, es decir, su personalidad es la de un minotauro. Tuvo que trabajar muy duro para adquirir esa forma.-
- señor Voltren, en mi mundo hay en dibujos de historia con la imagen de un minotauro, ¿significa eso que hubieron también Bisoulders en mi mundo?- preguntó, en su memoria estaban los minotauros que los antepasados decían, eran mitad humana, mitad toro.
Voltren hizo una leve sonrisa:
-no, no lo creo, lo que pasa, es que hubo un tiempo en que se solía viajar más en el espacio tiempo que ahora, pero antes se iba mucho, y el resultado, es que afectamos la historia de muchos mundos, el tuyo es sólo uno de tantos.- dijo alegremente.
Aidan pensaba en el Tauren vestido con una toga, era extraño y hasta gracioso.
A medida que pasaba el día, ambos le explicaron varias cosas del pueblo, su modo de vida, a través de la agricultura y ser el punto de conexión con la ciudad más importante del país: Larther. También Bahuer era un pueblo conocido por entrenar a jóvenes a manipular sus escencias. Así tambien le enseñaron las reglas. la más importante regla es: “estaba prohibido transformarse en el pueblo”, pues ponía la integridad de las casas y personas en peligro.
Al anochecer Tauren se despidió de ambos y se fue hacia el este del pueblo, no sin antes recordar a Aidan, el entrenamiento. Luego, Aidan fue guiado por el señor Voltren a una cabaña que le habían prestado para él, quedaba cerca de la plaza, desde ahí, se podía ver el paisaje de las montañas y el campanario, también se le facilitó dinero para que se comprara ropa en la ciudad y así pasar un poco más inadvertido.
Al anochecer, Aidan miraba desde el techo de la cabaña al cielo. Ciertamente el pueblo era lindo, al norte de la cabaña había el pueblo, luego un prado, el lago donde conoció a Tauren y las montañas, que parecian resguardar el silencio de esa hora. Y al este el bosque frondoso. Bajó a su habitación, en la cual, encima de la cama, estaban las cosas que traía consigo: sus ropas, su bolso, un celular (-¿de qué me va a servir ahora?-) unos lápices con un cuaderno y su inseparable cámara digital.
Aunque había sido muy rápido, su aventura de regreso hacia su hogar, había comenzado.
Minger no supo en que momento se quedó dormida, pero el ruido que hizo el capitulo al cae al suelo, la despertó violentamente “¡que demon¡” empezaba a decir Minger, cuando se dio cuenta que el capítulo se había caido. Estaba cansada por el cambio de las tranquilas vacaciones a la vida laboral, así que sin más, guardó el capitulo con los demás en la repisa de su estudio y se fue a dormir.