sábado, 23 de junio de 2007

Capitulo 9: Selección

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Desde lejos le empezaron a llegar los sonidos de su alrededor, estaba un poco adolorido, pero vivo. Había alguien cerca de él, abrió los ojos, sin embargo no podía enfocar bien, se los restregaba, cuando el personaje habló.

-es segunda vez que te veo y en las dos ocasiones has estado mal de salud-
Aiden le constó identificar esa voz, era Antey, la chica del hospital, hacía tiempo que no sabía de ella.

-¿Qué haces aquí?- preguntó ya con los ojos bien enfocados, ella era de pelo castaño, ojos azules y de estatura y poco más baja que él.
- me ha enviado el señor Voltren, para llevarte al curso que parte hoy- dijo mirándolo –pero parece que te quedaste dormido… ¿Mucho trabajo?- añadió

Aidan no respondió, “si supiera” se dijo
- ah… y me dijo que te diera esta nota- le dijo, mientras le mostraba una nota

Aidan tomó la nota y la desplegó. Decía:

“Aidan:

Antey te llevará al edificio del curso de Bisoulders, si tienes dudas, pregúntale a ella, yo pasaré por ti a la salida del curso. Mantén el cristal contigo en todo momento.

Voltren

En un tiempo considerable Aidan se levantó y baño, y Antey le revisó las heridas de los brazos, las cuales sólo quedaban las costras secas. Mientras ella bajaba al primer piso, Aidan sacó el cristal debajo de la almohada y se lo metió en el bosillo del pantalón, y bajó a comer como de costumbre, algo de fruta y salió con Antey, ella lo guió por la ciudad, fueron en dirección contraria al lago, al este, casi en el límite de la ciudad, allí vió el nacimiento de las montañas que estaban al norte, era una cadena de montañas muy extraña, su disposición en el espacio era la de un bastón, en las faldas, había un lindo valle, lleno de distintos árboles y al sur, estaba un enorme edificio y esparcidos alrededor del edificio un poco viejo, habían muchas personas, las cuales conversaban con otras, otras sólo descansaban y otras, como él, miraban el edificio con interés:

- ese es el edificio en el cual se hacen los cursos de Bisoulders- le indicó Antey
-es tan grande como el hospital- contestó Aidan
Detrás de él comenzaron a llegar los sonidos del campanario de la plaza, eran las 11 del día.

- ¡pero si son las once!, ¿cuanto nos demoramos en llegar?- dijo sorprendido Aidan
- mucho, lo que pasa es que dormiste demasiado, pero no te preocupes, las clases empiezan a las once y media, así que no llegarás tarde.- le dijo tranquila Antey

Aidan dio gracias al horario, pues en su mundo debía entrar a las ocho de la mañana, realmente le gustó eso de este nuevo mundo.

-Aidan, debes irte, pronto dirán en que sección estás- le recomendó Antey
-….¿eh?......¿sección?- le preguntó Aidan
-si, basados en el resultado del exámen, te dirán que nivel tienes- le reveló Antey
-ah……ya veo. Bueno, nos veremos pronto, creo- se despidió Aidan
-no sé si nos veamos, hasta luego- se despidio Antey

Resultaba que aquel edificio no era viejo, sólo tiene aspecto de lúgubre, con muchos pasillos anchos y salas en cada piso, era como una escuela normal

“pero que tan normal” pensó Aidan


En el centro del primer piso había un hall, con ventanas enormes, que dejaban pasar la luz del exterior, Aidan se sentía raro, no conocía a nadie y le provocaba escalofríos hablar con alguien por el episodio de Collen.

Desde el segundo piso bajaron 3 personas, Aidan reconoció a una de ellas, era el señor Voltren, a su lado había una persona de cara muy afilada, caminaba con cierta elegancia, vestía de colores oscuros, lo que lo hacía ver más flaco de lo que ya era. Al otro lado había una persona con las características de un recién egresado, joven, de cara rectangular y pelo blanco, vestía de colores verdosos formales, a ambos personajes Aidan los atribuyó el papel de los profesores de este lugar. El señor Voltren empezó hablando:

-enhorabuena a los que han decidido a hacer el curso de bisoulder este año, y a los que repiten este año, les deseo buena suerte…- comenzó a decir

“¿repitentes?” pensó Aidan

- su profesor, el Señor Margulus, leerá la lista de las personas aprobadas en el exámen y el nivel en que están, los que no son mencionados, lamentablemente tendrán que repetir el curso de nuevo el próximo año. –anunció el señor Voltren, mientras el sujeto de cara afilada abría una lista de alumnos y la leía:

-Elber, Aley, nivel 2- Anunció el profesor
Un chico de cabello rubio, saltaba de emoción, Aidan seguia pensado en el exámen, y consistia en buscar el antídoto, entonces, él había fallado

Mientras el profesor decía nuevos nombres
-Jâsper, Farel, clase nivel 1- anunció de nuevo el profesor

Esta vez, una chica, se emocionó al escuchar su nombre, tenía en cabello….¿naranjo?, era raro, pero si, tenía el pelo naranjo, sus ojos eran verdes y tenia pecas, Aidan la vió mientras festejaba con un grupo de amigas, mientras el profesor seguía cantando nombres, hasta que…

- Natsu. Ambes, nivel 1; Kalder. Zibell, nivel 2; Dazel. Aidan: nivel 2…-
Hasta el profesor quedó congelado de la impresión, miró al señor Voltren en busca de una explicación, el anciano, captando la mirada del profesor, le aclaró:
-no hay ningun error, Aidan fue probado en el examen, con altas expectativas de aprobar el curso con honores- le informó el anciano

El profesor miró a los alumnos
- ¿quien es Aidan Dazel?- preguntó en voz alta
A Aidan no le quedó más remedio que alzar la mano, pero no se dejó intimidar, y la alzó con firmeza.
- pero señor Volten, él hace por primera vez el curso, ¡debe empezar por el nivel uno!- le indicó el profesor, habiendo visto ya a Aidan

-eso lo discute con el profesor a cargo de su exámen- le respondió Voltren
-¿y quién es?- preguntó seriamente el señor Margulus.
- el profesor Tauren- le indicó Volten

Entre los estudiantes aprobados y el resto comenzaban a circular pequeños murmullos, Aidan estaba sorprendido del nivel en el que estaba, y también que el señor Tauren fuera un profesor.

-¿Tauren?, ¿haciendo un exámen?- le contestó el otro profesor, cansado de estar callado
- la verdad es que hace tiempo que no hace uno, pero si, hace exámenes- le contestó amablemente el señor Voltren.
-bien, si ese es el caso, Señor Aidan Dazel, entrará usted al nivel dos- le dijo aquel profesor, mirándolo fijamente
-si profesor- contestó Aidan, lo más tranquilo posible

El resto de los alumnos fueron elegidos sin contratiempos. Luego el profesor guardó la lista, mientras unos pocos estudiantes se retiraban, apesadumbrados por no haber sido mejores en los exámenes. Aidan calculó al vuelo que de 58 personas, sólo habían aprobado (incluyéndose) unas 22 personas. El otro profesor miró a Voltren y luego se dirigió a los alumnos:

-buenas tardes chicos, mi nombre es Guster Löhervil, y seré profesor y entrenador de los de nivel uno, para los de nivel dos está el profesor Margulus. Hoy sólo tendremos clases para informarlos que lo que haremos este semestre, el examen para promoción de nivel, será a fines del mismo semestre. ¿Alguna pregunta?- indicó
- profesor, ¿en que consistirá el exámen?- preguntó un chico el cual Aidan lo identificó como Zibell.
-no debo decirlo, pero si es un exámen deberá ser algo que pondrá a pueba sus habilidades, ¿no señor Voltren?- le dirigió un mirada cómica al viejo, el señor sólo sonrió.
- entonces pasen los de nivel 1 que son catorce a la sala a mi derecha, y los de nivel 2, que creo que son ocho, al segundo piso, sigan al profesor Margulus. – les ordenó el señor Voltren.
Aidan trató de seguir al profesor, pero de lejos, quería evitar cualquier contacto innecesario, subieron por las amplias escaleras alfombradas de color azul y giraron al pasillo de la derecha, un par de metros más allá divisó al profesor entrar a una puerta, todos lo seguían, así que Aidan los imitó y entró. Se encontró entonces en una sala muy larga y ancha, las ventanas eran casi del alto de la pared, con terrazas largas y sin barandas, el piso era de alfombra oscura y era sentía suave cuando uno pisa. Le llamó la atención que no había mesas ni sillas, sólo habían almohadones grandes.
-bien chicos, entren todos y siéntense en el suelo – anunció el profesor Margulus

Como estaba un poco nervioso, Aidan se sentó apoyado contra la pared lateral al lado de una ventana abierta, para que le diera la brisa en la cara y relajarse, un poco más lejos se sentó el único chico que reconoció: Zibell. Cuando los alumnos se habían sentado, el profesor habló:

-bien, para los que hacen este curso por primera vez, este año liberaremos sus escencias y trataremos de darles forma definida. Confiaré que las aptitudes físicas obtenidas en el nivel anterior les ayuden a lograrlo en forma exitosa antes de que termine el fin de semestre…y para mantenerlas, seguiremos haciendo los entrenamientos rutinarios y otros que les indicaré que hagan- anunció de forma un tanto seria...

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-enfermera, ¿cuál es la presión arterial?- preguntó una voz
-ciento treinta con noventa, señor, está más baja que antes- le contestó una voz femenina
-¿la fiebre ha bajado ya?- volvió a preguntar la otra voz
-si señor, ahora es normal- se oyó mientras se escuchaba el sonido de unas hojas pasar
-bien, avísele a los que están afuera que ya está estable y que pronto despertará- le dijo la primera voz, que sonaba a voz masculina.
-si señor, ¿tiene permitida las visitas ella?- le preguntó la voz de mujer
-si, tiene permitida las visitas- le dijo la voz masculina

Se oyó que los personajes abandonaron la sala, Minger comenzó a despertar, la luz que le llegaba desde la ventana de al lado le molestaba al abrir los ojos, levantó la mano derecha para proteger sus ojos de la luz. Cuando pudo ver, se dio cuenta que estaba en el hospital de la ciudad. “creo que me desmayé” se dijo para si, de a poco se lograba incorporar en la cama, que tenía unas sábanas blancas con encajes muy bonitos, y ella tenía puesta su pijama de seda largo, en la mano izquierda tenía clavada un aguja que le proporcionaba desde una mangera, un suero…

-¡gracias a dios, estas despierta!- se oyó una voz que retumbó por toda la habitación y más en los oídos de Minger
- no estamos en una feria, Stella- le reprochó Minger
- vaya, anoche si que nos asustate- le dijo Ami, quien entraba detrás de Stella a la habitación del ella
- ¿que me pasó?-preguntó Minger
- el médico nos dijo que te pilló una anemia- le informó Ami
- y aparte de que estabas resfriada- le agregó Stella
- si, y caíste como plomo al suelo- le completó Ami, pensativa

Minger miró a su alrededor, la habitación
-¿Quién me trajo?- preguntó Minger
Ambas chicas se miraron risueñas
-esa es una interesante historia- le dijo sonriente Stella, mientras se acomodaba en una de las butacas de la habitación.

viernes, 22 de junio de 2007

Capitulo 8: un exámen inesperado

Eran las 10 de la mañana y Minger recién despertaba, la casa estaba sumamente helada, se tomó la temperatura y ésta le marcó 38.2 grados: Había aumentado la fiebre, se sentía como si hubiera tragado virutas con aceite y la tos no la dejaba en paz. Se levantó y fue a tomar los remedios que le había recetado el médico junto con un café bien cargado y caliente y un par de galletas de salvado que tenía. Luego se llevó los materiales que necesitaba para hacer su informe a su pieza y ahí empezó a hacer redacciones para la gente de la reserva por lo de las jirafas. En eso le dio la una de la tarde, cuando golpearon la puerta. Minger fue a abrir y era Stella:
-hola Minger, vaya estás peor que ayer- le decía mientras entraba
- según el médico, esta la parte fuerte del resfrio y que en esta etapa debía “guardar reposo absoluto” y con los medicamentos en mano- le explicó Minger
-que lata, yo que venía a buscarte para ir al centro comercial, junto con Ani- se deprimió Stella.
-igual me hubiera gustado ir con ustedes, pero creo que terminaría peor, pero estoy aprovechando el tiempo en hacer las redacciones de las historias de las jirafas para las reservas- le explicó Minger
-ah…bueno, entonces no te molesto más, pero te vendré a ver a la noche, para ver si estás bien- le comentó Stella, mientras se levantaba y caminaba hacia la puerta.
-está bien, y si lo haces ¿podrías traer unos pasteles de la pastelería del centro, para tomar café con ellos?- le preguntó Minger
-bueno, y vendré con Anis, porque sabrá que estás enferma y se pondrá nerviosa hasta que te venga a ver- le dijo con un tono de diversión
-ja, ja, ja,ja… está bien, tomaremos las tres once- le dijo Minger mientras Stella abría la puerta y salía
-entonces con vemos a la noche, y abrigate- se despidió Stella.
-lo haré, nos vemos pronto- se despidió Minger, y agradeciendo la preopucación de sus amigas, se fue a su pieza, allí le esperaba el trabajo, pero Minger se fijó en el último capitulo que faltaba, así que se hizo una sopa de pollo, bien ligera y después se fue a su pieza a leer el capitulo.

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Aquel ojo lo miraba otra vez, como si esperara algo, Aidan simplemente miraba, desde su posición, enredado con unas especie de cuerdas, hechas de tripas, nada podía hacer, aquel ojo se había abierto una vez y le había mostrado a Aidan, un dragón de color pardo brillante, que le mostraba los colmillos, amenazante, en ese momento a Aidan le recorría una sensación muy fuerte de pelear, matar. Apenas podía detener esos impulsos pensando “no soy un animal, ¡no soy un animal!”, entonces, cuando el ojo se abrió otra vez, Aidan se preparó, pero el ojo se lo tragó y despertó de golpe en su cama, sudando horriblemente, se levantó y fue el baño, y en el espejo, comprobó que estaba tal y como se había puesto cuando se había con el señor Voltren, así que trató de calmarse, miró el paisaje que le ofrecía la ventana de su pieza: un amanecer brillante se asomaba por el horizonte, por sobre el bosque, el río que lo cruzaba parecía un fino hilo de plata fundida “debo juntarme hoy con Tauren en las afueras del bosque, para mi exámen” pensó y se fue a lavar, luego se vistió y bajó a comer. El señor Voltren le había comprado ayer víveres para comer, por lo que sólo eligió una fruta –no Sabir – y salió a ver a Tauren.

Caminó por el camino que lo conduciría fuera de la ciudad, miró el paisaje, veía el bosque, en donde tenía que juntarse con Tauren, las campanas del campanario comenzaron a sonar distrajeron a Aidan con sus sonidos, que rebotaban en el aire. Mientras más caminaba, miraba más gente salir de sus casas, a un nuevo día. Cuando llegó al bosque, que era el lugar de entrenamiento. Lo vió salir del bosque, en su estado transformado, Aidan no se asustó, esperó que volviera a ser normal para saludarlo:
-buenos días Chico- saludó Tauren
-hola, señor Tauren- devolvió el saludo Aidan.
-oye, chico, hace frío, ¿no quieres algo caliente para beber?. Le ofreció Tauren
Aidan, quien no estaba acostumbrado a tomar mucho desayuno, pero con el frío, aceptó gustosamente. Tauren sirvió de una cantimplora que traía en un par de vasos un líquido de color azul violáceo, cuyo sabor era extraño, era dulce, pero a la vez tenía un toque amargo.
- bien Aidan, lo primero que debes aprender es a observar, ¿viste el bosque camino acá?- le preguntó Tauren
Aidan asintió, el cual miraba además por las noches.
- bien, eso lo hará más fácil. Tendrás que llegar al centro, antes del mediodía- le anunció Tauren en tono muy serio.
Aidan quedó boquiabierto, pues el bosque era grande. Tauren vió su sorpresa y le comenzó a decir tranquilamente:
- como segunda lección, deberás aprender a desconfiar en la gente, verás que este no es un mundo de hadas ni princesas, como tu crees.- le miró fijamente y añadió- le he puesto veneno a tu taza, si no llegas antes del mediodía al centro del bosque, donde está el antídoto, morirás. – finalizó Tauren.
Aidan no quería creer o que decía, creía que fuera una broma., entonces Tauren vació el contenido de su taza en un ratón que había cerca. murió al instante.
- eso fue por sobredosis, ¿cuánto tiempo será para ti?- le preguntó con malicia
Aidan estaba sorprendido, no podía hablar, no se imaginaba la posibilidad de morir en el entrenamiento.
- apúrate, tienes sólo 3 horas, para encontrar el antídoto- le aconsejó Tauren.
-por…¡¿Por qué me haces esto?!- se enojó Aidan, se le había erizado el pelo de la nuca y sospechaba que se le había cambiado el color del pelo.
- porque quiero, así te concentrarás más en encontrar el antídoto- le dijo Tauren, sin inmutarse
Aidan lo quedó mirando desafiante, pero, asumiendo lo que tenía por delante, se dio vuelta, miró el bosque y empezó a correr, internándose en él, se veía más oscuro y feo que desde la ciudad.
A poco andar se detuvo, recordó el bosque que había visto en la ciudad, con todos los detalles posibles, vio un río que procedía desde la montaña y se internaba en el bosque. Si consideraba la montaña por norte, el centro tenía que estar al este, trató de concentrarse en trazar una línea imaginaria recta, empezó a caminar rápidamente, con esa imagen en mente. Sentía el olor de la tierra húmeda a sus pies, de los sonidos de los insectos que salían volando mientras caminaba. Al cabo de un tiempo, terminó preguntándose porque Tauren lo envenenaría, a lo mejor era un veneno falso, “pero ya me las arreglaré con él” pensó. Miró hacia arriba, por el intenso forraje de los árboles, no podía distinguir la posición del sol, así que analizo de nuevo el improvisado mapa en su mente. Debía estar en la dirección correcta, en el camino, había unos troncos gigantes botados, estaban cubiertos ya por musgos y helechos, Aidan decidió saltarlo, se preparó y corriendo lo saltó, cuando llegó al otro lado una punzada de dolor se apoderó de su estómago, obligándolo a arrodillarse y a afirmarse con las manos contra el suelo.
“rayos, el desgraciado me dio veneno real, y me he agitado mucho” pensaba desesperadamente Aidan, trataba de levantarse, al alzar la cabeza vió que estaba más claro que cuando había entrado en el bosque. Así que se levantó y empezó a correr, ignorando las punzadas de dolor que lo asaltaban de vez en cuando, en el camino sintió que alguien lo seguía, se detuvo, y estando lo más silenciosamente posible trató de escuchar en los alrededores…sólo un insecto volador de colores terreos, con patas demasiado largas y cuerpo gordote y una cabeza afilada seguia por casualidad el mismo rumbo de Aidan. Él estaba distraido viendo al extraño insecto, que cayó al recibir otra punzada, la que lo obligó a vomitar, y estaba empezando a sentir hormigueos en las extremidades. Pronto perdería la sensibilidad de ellas, se levantó y siguió caminando, apoyado entre los árboles, un rato después empezó a sentir un ruido de agua: se estaba acercándose al río, caminó con más cuidado, porque la orilla era de piedras redondedas y podía caerse. El río estaba extrañamente bajo, así que cruzó, en la mitad otra punzada, la cual lo hizo enrollarse, metiendo la cabeza dentro del agua. Apenas pudo salir, y lo hizo a rastras ya que por el dolor que había estado aguantando le hizo sentirse más agotado de lo que ya estaba, vio un sapo gigante se color café musgo, le recordó la imagen (de alguna manera) de Tauren éste saltó hacia Aidan y el en el aire, le afofeteó con toda la mano, el sapito saltó lejos, chocando con las ropas.
Cuando ya pensaba que no podría más, Aidan sintió un olor que no era del bosque. Era como un olor agridulce, y estaba casi frente suyo, caminó un poco más y encontró un claro, allí reposaba en un tronco viejo y caido, una botellita de color ámbar.
Dando gracias se acercó, sin embargo, algo llegó de improviso y lo golpeó, cayó con las manos protegiendo su cabeza, con esfuerzo se comenzó a levantar y vió a una criatura muy extraña, tenía cuerpo de serpiente, pero de sus costados, emergían unas alas como las de las libélulas, con cabeza chata y de colores verdes y cafés, para camuflaje de bosque. Aidan la quedó mirando, debía conseguir rápido el antidoto.
-“Vamos, mátalo”, te ha hecho daño- le dijo una voz
Aidan pensó que no estaba sólo, miró a su alrededor y sólo vio al extraño insecto que estaba enfrente de él, en espera para atacar o ser atacado.
-no, seguramente estoy en su territorio y por eso me atacó- dijo Aidan en voz alta, para que aquella persona oculta lo escuche
Se deslizó lentamente por el costado, sin perder de vista al insecto, mientras más se acercaba a la botella, más inquieto se ponía el insecto. En un segundo, el insecto se lanza en picada hacia Aidan, éste la advierte y se hace a un lado, esquivándolo por poco, cae al suelo. En donde el veneno que le dio Tauren comienza a hecerlo perder la conciencia, recordó entonces cuando golpeó a aquel sapo en el río rogando por que sus brazos todavía respondieran, se incorporó y se acercó de nuevo a la botella, el insecto se lanzó de nuevo en picada, en el último segundo estuvo casi seguro de que la voz que le indicó en que momento golpear al sapo le dijo, más claramente que antes:
-“¡ahora!”-
Aidan sin dudar lanzó su brazo como un látigo por el lado, el cual azotó de lado al insecto, lanzándolo lejos de Aidan en el suelo, atontado
-bien, ahora, el antídoto- decía Aidan, sudando, cayó frente al tronco, pues el veneno ya le había paralizado las piernas, e iva tras los brazos. Tomo la botellita, abrió y bebió unos tragos, pero estaba tan débil que el sabor del antidoto mientras pasaba por su garganta le provocó repulsión, y vomitó parte del antídoto. Se acostó en el suelo, para descansar un rato, y juntar fuerzas, sin saber que se quedaba sin sentido, iba cerrando los ojos, encontraba el pasto como un suave colchón, y de alguna manera sentía que alguien lo miraba y que estaba cerca.
“ha de ser ese estúpido bicho”


El ojo grande comenzó a mirarlo otra vez “¿otra vez este sueño?”, sin embargo se sentía débil, así que se acurrucó en el aire, para ganar fuerzas, sentía que aquel ojo lo miraba con ese gran iris rojo. De la nada, surgieron de él muchos hilos rojos, que enrollaron a Aidan, sujetándolo fuerte. Trató de zafarse, pero estaba adolorido, el ojo se acercó un poco. “este no es mi sueño, es una pesadilla” pensó Aidan, en el centro de aquel ojo, vió fragmentos de imágenes: cuando estaba en el aire antes de golpearse contra el suelo, cuando ayudó a Sky, unas imágenes de sangre, luego, un gran dragón pardo brillante, cubierto de sangre, que lo atacaba, en el suelo había un bulto, a Aidan le llegó el irresistible deseo de atacar a ese bulto. Luego, vió a Tauren, y su imagen se rompió en pedazos de color sangre, la sensación de atacar y matar, se acrecentó, quería vengarse por lo que le hicieron esos personjes. Sin embargo otros pensamientos, los de Aidan no quería matarlo, ellos no debían morir, el mismo había sido débil al no resistir más el veneno, luchó con todas sus fuerzas, contra los hilos que le ataban, enfadándose cada vez más, hasta que le gritó al ojo rojo: “!SUELTAME!”.
Los hilos rápidamente los soltaron, y Aidan, libre y adolorido, volvia a sumirse en un lugar negro.
Ya de atardecida, Tauren salía de la pieza de Aidan, él estaba en cama, inconsciente, débil pero estable, caminó hacia el living, allí estaba el señor Voltren, sentado y contemplando el lugar:
- estará bien, ya le administre hace un tiempo el antídoto, para mañana estará mejor- le anunció Tauren, mientras, el señor Voltren lo miraba, evaluando sus acciones:
- no debiste haberle hecho ese exámen, no sabíamos bien en que condiciones físicas estaba. Fue una imprudencia Tauren.- le reprochó Voltren
- no hubo problema, lo seguí durante el viaje, por las dudas, pero estuvo a punto de completar el exámen, realmente, el chico tiene agallas, supo responder ante un ataque de un Perles…bueno, pero no supo que había uno hasta que éste lo atacó, pero lo sintió - le respondió Tauren – y bueno, dos veces me salvé de que me descubriera siguiéndolo.-Añadió
-bien, ve a terminar su inscripción en el curso, a partir de ahora eres su tutor-
Tauren se quedó mirando unos adornos que habían encima de la mesa.
-¿quieres preguntarme algo Tauren?- le preguntó el viejo
- ¿le dirás que se integre?- le preguntó sin rodeos
-no, él sólo se entrena para usar las magias del tiempo y así volver a su hogar, no permitiré que más gente se involucre en los problemas de nuestro mundo, a él no le concierne eso- le concluyó sin inmutarse el señor Voltren.
Tauren estaba decepcionado por no tener a Aidan como parte de su equipo.
- ¿has sabido algo de Sky?- le preguntó Voltren
-sólo que está en Hums, tratando de buscar información acerca de Falbor- le informó Tauren.
- bien, porque Zorces ha estado muy tranquilo, y eso me preocupa. Creo que trama algo. envíale un mensajero, que vuelva apenas termine su recopilación de información – le ordenó Voltren.
- así será – le obedeció Tauren


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Minger estaba agotada. El informe le había costado más de lo que creía, pues las jirafas tenían un largo historial en el zoológico, pues habían nacido allí. Sólo al escuchas el timbre de su despertador, se dio cuenta que eran las 6 de la tarde, así que se levantó y fue a bañar. El agua estaba extrañamente fría. “debe ser el gas, tengo que cambiarlo” pensó.
Después se vistió a preparar la once, por si llegaban sus amigas. En efecto, apenas hubo puesto el agua en el hervidor, sonó el timbre, Minger abrió y era Stella con Ami, ambas llevaban paquetes de diferentes formas.
-hola….parece que se compraron el centro comercial- saludó Minger
-es que me gustaron estas prendas, son tan lindas, y son de temporada de otoño- le dijo Stella
-mmmm….los vendedores no querían que nos fueramos- le apuntó Ami
Minger quedó incrédula ante esa frase, se sentía agotada por el trabajo.
-dejen las bolsas en el sillón del fondo- les indicó Minger
-Minger, ¿estás bien?- le preguntó asustada Ami
- no hay ningún sofá ahí- le dijo Stella, incrédula
Ante esto, el gran sofá rojo, desaparecía de la vista de Minger, al igual que sus fuerzas y su conciencia

lunes, 11 de junio de 2007

Capìtulo 7: Cambios físicos

El día Sábado llegó con Minger en cama, el día anterior, al salir del trabajo, visitó a un medico, quien le diagnosticó un resfrío común y le había dado remedios y reposo por cinco días: “como si me quedara tan tranquila en casa tanto tiempo” pensaba Minger. Entonces como era temprano, empezó a leer los capítulos de su autor misterioso.

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Aidan se hallaba siguiendo al señor Voltren, caminaron unos escasos metros lejos del hospital, hasta una casa de aspecto muy señorial, que conectaba con el hospital. Aidan supuso que era la casa del anciano, en efecto, cuando entraron, era una casa muy tranquila y con muchas habitaciones El señor Voltren invitó a Aidan a su estudio, en el ala oeste ahí entró, vio una linda mesa, la tocó y se sorprendió al notar que era de madera azul, miró los estantes, llenos de libros, aunque a él no le gustaba mucho leer, quedó impresionado con la cantidad de volúmenes. El anciano cerró la puerta y le indicó que se sentara
-antes que todo, Aidan, discúlpame otra vez por lo que te hice en la cabaña…- se disculpó el viejo con toda tranquilidad.
-señor, con todo respeto, ¿Qué es lo que está pasando? Porque según creo, no me sacó para llevarme al hospital.-le dijo un poco enojado Aidan.
El anciano lo miró unos segundos
-¿donde y cuando conociste a Collen?- le preguntó con firmeza. Aidan, perplejo, le contestó:
- hoy señor, en el mercado, me ha ayudado a comprar comida- contestó.
Voltren se acomodó en su silla –que no pudo ver bien de que era- y al cabo de un rato, le habló:
- tendremos que adelantar tu entrenamiento, mañana irás con Tauren a realizar un exámen…-
-¡que! Pero si estoy con heridas, además no sé en que rayos consiste ese examen, además ¿para qué lo necesito?- explotó Aidan, enojado. Sin embargo, el anciano no se imnutó.
-cálmate Aidan, llamaré a Tauren para que te explique en que consiste, en cuanto a su fin, es para que hagas el curso de Bisoulder, eso te va a dar la fuerza para poder volver a tu época-
-¿hacer un curso? ¿yo?...¿y de bisoulder?- preguntó Aidan
-así es, y cuando yo esté satisfecho de tus progresos y esté seguro de que podrás regresar a tu época correcta y a salvo de todo, entonces, te sacaré de ese curso- le anunció Voltren
Aidan ya no lo soportaban, su familia y amigos estaban quizás donde en otra dimensión y aquel viejo lo trata como si fuera un niño idiota.
- no quiero ingresar a ese entrenamiento, ¿Por qué hacen todo esto?- dijo Aiden, levantándose del asiento y se puso a caminar por el estudio.
El viejo no tuvo más remedio:
- Aidan. desde el momento en que decidiste ayudar a Sky, te pusiste en un gran problema- le reveló el anciano
Aidan, que iva caminando cerca de la puerta se detuvo y lo miró atentamente, el viejo siguió:
- lo cierto es que ambos (Sky y tú) lograron atrapar a Falbor, que era uno de los mercenarios más buscados del país, por su múltiples robos y asesinatos. Y por lo visto, sus cómplices se han interesado en ti, ya que no muchas personas pueden derrotar a Falbor.-
-pero yo no lo he derrotado, es más, ni siquiera recuerdo lo que pasó- se excusó Aidan
-mmm…ya veo, es un interesante punto, siéntate por favor y guarda silencio-
-no gracias, prefiero estar de pie- le dijo Aidan, un tanto incómodo
- “a ver…si más no recuerdo tu llegaste aquí hace unas semanas en pésimo estado y con riesgo vital, con Sky y Falbor heridos. éste último –para tu información- fue puesto en máxima seguridad, para averiguar quien le mandó a robar el cristal, que tu nos ayudaste a recuperar”-
-¿cristal?, o sea que lo que se robaron era un cristal para transformarse?- preguntó Aidan. en su mente estaba la conversación cuando conoció al señor Tauren
- asi es.- le respondió el señor Voltren.
-¿y?-
- y verás, según nos contó Sky, tu tomaste el cristal e ibas a entregárselo, cuando Falbor te atacó, quedaste inconciente, y por una razón, que sólo tu sabes, el cristal se activó contigo, transformándote en Bisoulder- le aclaró el anciano.
Aidan tuvo que agarrarse del respaldo de la silla para no caerse de la impresión, realmente ese dato lo dejó sin aire por un momento, miró por la ventana a su izquierda, y vió que el sol se metía por entre los pequeños edificios, hasta desaparecer con último brillo detrás de las montañas. Se aclaró la garganta, junto con sus ideas:
-¿me transformé?-
- así es, me imagino, que tu condición fisica, te ayudó a soportar los cambios, y por eso estás vivo ahora, pues la transformación con un cuerpo débil, es letal- le aportó el anciano.
-entonces, si dice que tengo aptitudes físicas ¿porqué no me dejan partir entonces a mi casa, a mi época?-, preguntó, en un tono sin rastro de ira
-eso sería muy fácil para Sky, porque sólo ella puede viajar por las dimensiones, pero hay un grave problema, tu mismo-
-perdón, pero no entiendo-
-el hecho es que al transformarte, te has vuelto inestable, verás, el cristal para transformante, despierta tu subconsciente, y toma la forma que éste desea,- como te dije hace unos días, es sólo una la forma-. Una vez que el subconsciente lo acercas a lo conciente – o si te es mejor: lo liberas- éste trata de tomar el control de la materia en que habita, y ese es tu cuerpo-
-¿estoy posesionado por mi mismo?- le concluyó el chico
-creo que puedes decirlo así, ahora, el entrenamiento es para eso, para que controles los impulsos que te provocará tu subconsciente- el anciano miraba fascinado la ventana.
-¿impulsos?, no le creo, esto es ridiculo- decía incrédulo Aidan.
-¿y que te pasó hoy con el señor Rabyet?, casi lo atacas- le recordó Voltren
-pero todo mundo pierde la cabeza cuando se enfada- se enfadó Aidan al recordar su disgusto.
-Aidan, ni siquiera un niño se enojaría por eso, es más, se asustaría- lo desafió el anciano
-¡¿Qué ha dicho?!, ¿insinua que soy un niño?, ¡rayos!, ¡le salve la vida a uno de sus subordinados y así me lo paga!- explotó Aidan.

De repente el viejo, miró los cajones de su escritorio, abrió uno y extrajo un pequeño espejo de mano y se lo pasó a Aidan:
- me refiero a que te enojaste de esta forma- y le mostró el espejo

Aidan se cayó cuando se vió en el espejo, no se vió como un chico de tez clara y pelo oscuro, sino que vió su pelo de color grisáceo, y los de la base del cuello, estaban erizados y su piel en su cara se había vuelto un poco más roja.
-En situaciones de peligro o estresantes, el subconsciente aflora, con los instintos más básicos, es decir el de los animales. En tu caso se vuelve crítico, ya que el subconsciente ya lo ha liberado el cristal. Y a medida que pase el tiempo, te vuelves más susceptible a situaciones difíciles o estresantes. Como las de esta mañana- le explicó Voltren
Aidan no quería seguir escuchando al anciano, quería volver a su antigua vida, extrañaba mucho su hogar y su familia, sentía que cada palabra que le decía el anciano le alejaba de su familia. Se estaba convirtiendo en otra cosa, en un animalejo… El anciano sólo se limito a contemplarlo, de hecho, ninguno se movió, hasta que el despacho se había hecho oscuro con la noche y ya habían encendido las antorchas.
-¿y entonces?, ¿cómo llegué hasta aquí?- preguntó desde el suelo Aidan.
El viejo suspiró y habló
- como te transformaste inconciente, el subconsciente manipuló la transformación, y estuviste a punto de matar a Falbor. si no fuera porque Sky intervino, Falbor estaría muerto, las heridas que recibieron ambos, vienen de esa pelea. Ella tuvo que agotarte para traerte de este mundo y salvarte la vida. Y más encima recibió una buena reprimenda, pues está estrictamente prohibido traer personas desde otros mundos a este.-
Aidan pasó por alto el último comentario.
-entonces, ahora ¿qué haré?- preguntó muy deprimido
-toma esto- le dijo el anciano- y sigueme- añadió
Aidan vió en la mano del anciano, un cristal de color transparente, alargado y terminado en punta, con un anillo metálico agujereado en un extremo, lo tomó y lo sintió tibio, un escalofrío le recorrió la espalda y los pelos de la nuca se le volvieron a erizar. rápidamente se guardó el cristal en el bolsillo, cuidando de no pincharse no la pierna. Mientras el anciano lentamente se levantaba y salía de la oficina, Aidan lo siguió, caminaron por un largo pasillo hacia lo que era una escalera al sótano. El anciano entró y le indicó que pasara, de inmediato un olor nauseabundo le inundó la nariz y se la tapó con el brazo para disminuir aquella fetidez.
-Aidan, éste es Collen- le presentó el anciano
Vió Aidan entonces una camilla, donde reposaba una persona, estaba tapada hasta el cuello con una sábana, estaba muy diferente a como lo había dejado en casa hace un rato, tenía líneas de heridas en la cara, hematomas, marcas de sangre seca alrededor de la boca, y su pelo estaba gris y sucio. Estaba muerto. Al ver que Aidan no hablaba, pues estaba en shock el viejo le explicó:
-éste es el verdadero Collen, lo encontramos esta mañana, en un canal de regadío, en las afueras del pueblo- dijo con aire triste –era uno de mis mejores estudiantes.-añadió
-tengo que salir de aquí- murmuró Aidan, que ya no podía aguantar más el nauseabundo olor. Salió a toda prisa de la habitación, al pasillo, pero aquel olor lo perseguía, lo mareaba. Encontró una salida al jardín central de aquella casa, era enorme y con el cielo nocturno despejado, se veían las estrellas en su plenitud. Aidan respiró varias veces profundamente, cambiando aquel molesto olor. Se sentó en el pasto y lloró, no era por el hecho de ver un cadáver de el verdadero Collen sino porque posiblemente –y estaba muy seguro de ello- su muerte por su culpa, lo mataron para suplantarlo y llegar hasta él.
Un rato después oyó pisadas tras de él, pero Aidan no mostró la cara, seguía hincado en el pasto, tratando de contener las lágrimas, después se atrevió a preguntar.
-y entonces, ¿era un impostor el de esta tarde?, ¿qué quería de mi?-
-no lo sé con certeza. en estos momentos, Tauren y su equipo deben estar a la caza de él, lamentablemente no me di cuenta hasta esta tarde de las intenciones de este tipo- era Volten.
-me estan buscando, ¿cierto?- resolvió Aidan, aún sin darle la cara.
-es una de las teorías, es por eso que tomarás el exámen con Tauren. Te ayudaremos a controlar el subconsciente y te enviaremos de regreso a tu hogar- le explicó el señor Voltren –ya que sólo Sky puede viajar entre dimensiones. te regresará y en tu dimensión no correrás peligro- concluyó el viejo
Aidan miró al cielo, pensó en que su aventura sería pacifica, y que volvería pronto a su hogar, pero ahora, se sentía débil, y sentía la muerte de Collen como un gran peso, algo que podría aliviar tomando una buena decisión y cumpliéndola.
-está bien, haré el curso, quiero evitar que hallan más muertes por mi culpa- finalizó Aidan
- es una excelente decisión- finalizó el señor Voltren.


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“ya tenemos al primer cadáver, que pena por el pobre chico” pensaba Minger, mientras dejaba de leer el capítulo y lo dejaba en el estante, con los demás capítulos leídos, se tomó la temperatura con el termómetro electrónico, le dio 37.9 grados, estaba con un poco de fiebre, asi que se hizo una infusión de hierbas y se fue a acostar a su cama, mientras afuera corrían vientos de Otoño.

Capitulo 6: Jirafas

Minger se levantó resfriada ese día, la sangre se agolpaba en su cabeza, como un tambor, y su garganta estaba seca y rasposa. Se levantó y muy abrigada bajó a hacerse su desayuno. Debía ir al zoológico a ver como estaban las jirafas.
Una hora y media después, llegó a su oficina
-hola Minger…vaya, no tienes buena cara- le saludó su amiga Stella.
-lo sé, me pilló un resfrío porque anoche no cerré bien la ventana y me dio un frío- contestó Minger
-¿hoy no hay entrega del escritor?- le preguntó su amiga
-no, y no sé hasta cuando- le dijo Minger, quien había entrado en su oficina, revisando la correspondencia – ¿cómo están las jirafas hoy? Preguntó
-no hace mucho que llegué, así que ahora las voy a ver ¿vienes?- le dijo la amiga, organizando unos expedientes
-si, te acompaño- contestó ella colocándose el delantal
Llamaron a los cuidadores de las jirafas y partieron hacia allá, ellos las esperaban con los dardos con anestesia preparados, con ellos anestesiaron a las jirafas para que sean más fáciles de manejar. Antes de empezar, llegó un guardia hasta la jaula:
-¡Dra. Minger!- vociferó desde afuera.
-¿si?- preguntó ella, asomándose por la puerta
- han llegado los resultados de los exámenes de las jirafas, pensé en venir a dejárselos, ya que examinaría a las jirafas hoy- le indicó el guardia.
-oh, muchas gracias- le agradeció Minger, tomó el sobre y se acercó a su amiga, mientras el guardia se alejaba:
-revisarlos por favor, voy a hablar con los cuidadores- le dijo Minger
-está bien- le dijo ella, con un dejo de aburrimiento.
Minger pasó por entre las jirafas y fue a hablar con el jefe de los cuidadores
- ¿han tenido algún problema, aparte de los que vimos antes?- quiso saber ella.
-no han podido dormir bien, sólo duermen lapsos de 15 minutos o menos.- contestó el jefe, quien a pesar de su robusto cuerpo, parecia muy preocupado por aquellos animales.

Minger estaba extrañada, sabía que estado salvaje, ellas duermen poco, pero en el zoologico, en un lugar seguro, podían dormir un poco más, eso indicaba que estaban en estado de alerta ante un posible enemigo.
-minger- se acercó su amiga, con los exámenes en la mano y se los mostró- están con estrés- concluyó ella
Minger tosió varias veces antes de ver la hoja. Efectivamente, los resultados indicaban que estaban estresadas.
- bien haremos el chequeo de rutina. Y después tomaremos una decisión-

Analizaron a las Jirafas, Minger tuvo que usa una mascarilla, para no contagiar nada a nadie, después de casi dos horas el registro terminó, Minger y su amiga salían de aquella jaula, mientras las jirafas se recuperaban de la anestesia.
- hay que intercambiar esas jirafas con alguna reserva, no pueden seguir así, ya tienen unos cuantos años, no aguantarán mucho más- le comentó su amiga.
- pienso lo mismo –se puso a toser de nuevo- ¿quieres…cof…hacer el informe o hablar con los de la reserva?- le preguntó Minger
-quiero hablar con los de la reserva, tu hace el informe, así no te enfermarás más- le indicó su amiga
-gracias Stella, de verdad doy gracias a que hoy es viernes.-
Y ese día de dedicó a hacer el informe y junto con Stella, organizaron el posible cambio de animales.

lunes, 4 de junio de 2007

Capitulo 5: Collen

Minger trató de llegar temprano a su trabajo, se levantó antes de su hora acostumbrada, y salió antes de su casa y se dirigió al zoológico, sin embargo, hubo algo que no se esperaba, un accidente automovilístico provocó un taco enorme, llegó como media hora tarde al trabajo. De paso a su oficina preguntó si le había llegado algún encargo, el guardia le contestó que lo había dejado en su oficina. Como siempre el misterioso escritor había llegado primero que ella. Y en la entrada de la puerta, en un canastito, descansaba un paquetito de colores. Lo raro era que era más grueso de lo usual. Minger lo tomó y entró a su oficina, lo abrió por curiosidad por lo grueso, encontró una nota, la abrió y la leyó:

tengo que salir por tiempo de la ciudad, así para que no te aburras, te dejo tres capítulos para que leas. Nos comunicaremos pronto. Cuídate”

“nos comunicaremos pronto”, fue la frase que Minger mantuvo en su cabeza en el día, pensaba adónde iría el escritor misterioso, si le dejaba dos capítulos de más, aunque no tenía de que quejarse, tenía lectura. Mirando el papeleo que tenia encima de su escritorio, lo pensó y decidió salir a hacer el chequeo medico de las jirafas. Ya que sus colegas le dijeron que actuaban inquietas.
Muchas horas después, Minger terminaba de observar a las 4 jirafas que tenía en la jaula, no hallaba ningúna afección, tomó exámenes y ordenó que los enviaran a un laboratorio y estuvo conversando con colegas, pero no encontró respuesta a la afección de aquellos animales.
Agotada del día, Minger salió del trabajo, con amigas, quienes, le invitaron a ir a recorrer el centro comercial el fin de semana, Minger aceptó con gusto. Sólo al llegar a casa pensó que si el problema de las jirafas empeoraba, tendría que trabajar el fin de semana. Ordenó su casa y ceno, y luego, tranquila, se puso a leer el primer capitulo de tres.



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Aidan estaba frente a un enorme ojo, un escalofrío lo recorrió entero, quiso correr, pero estaba en el espacio, no podía arrancar, en aquel extraño ojo, como el de un gato, se reflejaba Aiden: delgado, pero macizo, con ojos pardos, pelo café oscuro y con una cara de asustado, un grito se escuchó por todo el espacio, era uno de imponencia. De repente, el ojo se abrió y tragó a Aidan.
El chico despertó al alba, de golpe, estaba todo sudado y jadeando, se trató de tranquilizar, miró hacia la ventana y vió que el sol – si ése era el sol en este mundo- salía, se levantó y se fue a lavar, estaba en eso mientras pensaba en aquel sueño, lo reconoció rápidamente y trató de tener el control de sus acciones, pero aquel ojo fue más rápido, si hubiera dejado seguir el curso, acabaría quedándose dormido, y quería conocer más aquel pueblo. Se quitó los vendajes, una de sus heridas, que le llamó la atención era una larga linea que partía desde su antebrazo y llegaba poco antes del codo. “debe haber sido unos cuantos metros para esto” pensó Aidan. Se lavó con cuidado y se cambió los vendajes, se puso una polera de manga larga, para cubrir los vendajes. Y unos pantalones que había comprado ayer. Y salió, sin tomar desayuno, pues no tenía la costumbre de comer temprano.
Le dio la impresión de vivir en un lugar más antiguo que su época, pues las casas eran de colores terrosos, las calles eran de tierra o clastos compactados y no había grandes edificios, claro está, exceptuando el hospital.
Anduvo y desanduvo por la ciudad, ya cuando las tripas le empezaron a molestar, decidió comprarse algo para comer: una manzana, o un durazno. Grande fue su impresión cuando vió frutas que no sabía que existian. Hubo un locatario en especial que se enojó pues, al preguntarle sobre todas las frutas nuevas, pensaba que le estaban tomando el pelo:
-¡cómo te atreves mocoso insolente!, ¡no me pases de listo conmigo!- le gritó el dependiente.
A Aidan, le cayó mal que le hubiera dicho eso el vendedor, sintió que los pelos de la nuca se le erizaban
- ehh, no era para molestarlo señor- empezaba a decir Aidan, tratando de encontrar una forma de calmarlo.
-¿esto es parte de una broma o que?, ¿dónde están tus otros amiguitos?, o mejor ¿dónde están tus desubicados padres?- le preguntó furioso el locatario.
Aidan, quien pensaba en sus padres y amigos, al escuchar mencionarlos en la boca de semejante desvariado comerciante, se le empezó a hervir la sangre, quería pegarle una buena bofeteada, aunque fuera la primera vez que utiliza sus manos para la pelea.
Un chico que escuchaba la pelea, más flaco que Aidan y de pelo extrañamente blanco y ojos azules, decidió ayudarle, se acercó y dijo:
- Señor Rabyet, mi amigo viene de un pueblucho muy lejos, asi que no conoce las frutas de esta parte del mundo, ¿cierto?- le preguntó con aire cómplice a Aidan.
Aidan captó la indirecta, con mucho esfuerzo se calmó y asintió silenciosamente, tratando de parecer débil e indefenso, lo cual era difícil.
- toma esta fruta, es dulce - y tomo una de un montón, de color verde oscuro y una forma un tanto grotesca.
El dependiente miró a ambos y después de unos segundos se largó a reir. y diciendo cosas sobre la ignorancia de Aidan, recibió el pago de la fruta. Y ambos chicos se retiraron del establecimiento, hacia la plaza.
-de veras eres un forastero, aquí todos saben que molestar demasiado al señor Rabyet, es una locura.- le contó el chico.
- muchas gracias, me salvaste, para la próxima tendré en cuenta que no hay que molestar a las personas, en especial a esa- le dijo Aiden. Un poco incómodo por la situación vivida, más aún, tenía la rabia en la sangre.
-¿cómo te llamas?, lo de forastero parece ser cierto, ya que no te había visto antes- le preguntó el chico.
- mi nombre es Aidan, y si, soy un forastero- le respondió, tomando aire despacio- ¿y tu? ¿qué me dices?- añadió
- mi nombre es Collen, nacido y criado aquí- le resumió, mirando las vendas de Aidan, le preguntó - ¿alguna pelea dura?
Aiden, no quería decirle, pues no lo conocía mucho.
- eh... si, podría decirse que si-
- bueno, si no te adaptas pronto al lugar que vives, tendrás muchas problemas como el de hace un rato- se ofreció Collen.
Aiden con tanto ajetreo se le olvidó comer, así que miró un rato la fruta –según Collen, se llamaba Sabir, a pesar de su extraño aspecto, la probó, no estaba mal, le recordaba la granada, pero más dulce.
Como quería aprender los nombres, compró junto a Collen, una de cada fruta y verdura y en la cabaña, Aidan las dibujó y les escribió el nombre. y en la hora de almuerzo, Collen las cocinó.
Al termino del almuerzo, Collen contaba el origen del pueblo:
“Bahuer en un pueblo que se originó hace ya mucho tiempo, al principio como sede de entrenamiento para Bisolders para las guerras contra Zorces y sus subditos, pero hace ya mucho tiempo que no se sabe de él, fue derrotado en la campaña de Gujet…”
-eso es obvio, los bisoulders contra un ejercito pequeño pero leal no garantizan una victoria- le completó Aidan, sin embargo, Collen lo miró, estupefacto:
-eres raro Aidan, ¿lo sabías?, todo el mundo sabe que Zorces es un bisoulder que, reunió una fuerza increíble para fusionar varios cristales y formar uno nuevo: el Cymai e incluso fue capaz de derrotar a dos ejercitos él sólo.-
Aquella información le daba muchas vueltas en la cabeza de Aidan, así que le pidió a Collen que continuara, guardándose las preguntas para cuando se encontrase con el señor Voltren:
“lo que si se sabe fue que el lider de este pueblo, el señor Voltren, participó en esa campaña, más 4 bisoulders de élite, y luego de una feroz pelea, Zorces fue derrotado, y el pueblo vuelve a vivir en paz. Ahora nos entrenamos sólo para poder salir de este pueblucho.”
-umm, eso es interesante- dijo al final Aidan
-¿y tu cómo llegaste aquí?¿de dónde eres?- le preguntó Collen, ya que eres bastante ignorante de historia, y esto pasó hace poco – le preguntó bastante serio Collen.
Aidan dedujo que ya no podía ocultarle el hecho de que era forastero del continente, así que lo pensó bien
-buenoooo, yooo….-
Empezaba a hablar Aidan y hubo un golpeteo en la puerta, Aidan fue a abrir y se encontró frente a frente con el señor Voltren, iva vestido con una tunica de color claro con una franja de color escarlatas cruzada desde el hombro derecho, hasta la cintura:
-Buenas tardes, joven Aidan- saludó el anciano
-ehh... buenas tardes señor- le saludó Aidan- por favor, pase- le invitó.
El señor Voltren entró y vió a Collen en el comedor, estaba recogiendo los platos. Cuando éste vio al señor Voltren, sólo saludó:
-buenas tardes señor- saludó Collen
El anciano miró un par de segundos a Collen y luego le dijo a Aidan:
-he venido para preguntarte cómo van tus heridas ¿están bien?-
Aiden movió los brazos, como si nadara en aire, y luego dijo:
-están bien…..ay!!!-
De repente un agudo pinchazo recorrió su brazo, como si alguien le ensartara una aguja en él, era realmente molesto.
- parece que no lo están, joven Aidan, acompañeme al hospital, usted, señor Collen. ¿no debería estar haciendo sus ejercicios?-le preguntó el viejo, con toda la calma.
-si señor, de inmediato iré, estaba recogiendo la mesa- le contestó Collen
-me parece, Aidan, sigame, y el señor Collen dejará todo cerrado aquí- no sonaba como un pedido, sino una orden
- eh, si señor. nos vemos pronto, Collen- se despidió Aidan
- si, adiós- se despidió Collen

En el camino, Aidan notó que algunas personas le hacían saludos -“claro, si participó en la caida de Zorces, es porque fue alguien muy fuerte”- pensaba Aidan, llegaron al frontis del hospital, sin embargo, el señor Voltren no tenía la intención de entrar, sino que le dijo a Aidan:
- ven, no iremos al hospital sigueme- se lo veía pensativo
- pero mi brazo…-empezaba a decir Aidan, preocupado
- eso fue mi culpa Aidan, discúlpame, pero debía hacerlo, ahora vamos, apúrate- le dijo en voz baja y serena
-¿“qué rayos pasa aquí”?pensó Aidan caminando con el anciano, hacia el lado oeste del pueblo.

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“no entiendo nada, ojala pudiera saber que rayos pasa”
Esos fueron los pensamientos de Minger, antes de dejar el capítulo en el estante, junto con los demás leídos, era una temperada noche, de esas últimas que hay, antes de que llegase el otoño. Minger salió al balcón a tomar aire y miró la bulliciosa ciudad.
-A lo mejor es el entorno el que afecta a las Jirafas-