Minger trató de llegar temprano a su trabajo, se levantó antes de su hora acostumbrada, y salió antes de su casa y se dirigió al zoológico, sin embargo, hubo algo que no se esperaba, un accidente automovilístico provocó un taco enorme, llegó como media hora tarde al trabajo. De paso a su oficina preguntó si le había llegado algún encargo, el guardia le contestó que lo había dejado en su oficina. Como siempre el misterioso escritor había llegado primero que ella. Y en la entrada de la puerta, en un canastito, descansaba un paquetito de colores. Lo raro era que era más grueso de lo usual. Minger lo tomó y entró a su oficina, lo abrió por curiosidad por lo grueso, encontró una nota, la abrió y la leyó:
“tengo que salir por tiempo de la ciudad, así para que no te aburras, te dejo tres capítulos para que leas. Nos comunicaremos pronto. Cuídate”
“nos comunicaremos pronto”, fue la frase que Minger mantuvo en su cabeza en el día, pensaba adónde iría el escritor misterioso, si le dejaba dos capítulos de más, aunque no tenía de que quejarse, tenía lectura. Mirando el papeleo que tenia encima de su escritorio, lo pensó y decidió salir a hacer el chequeo medico de las jirafas. Ya que sus colegas le dijeron que actuaban inquietas.
Muchas horas después, Minger terminaba de observar a las 4 jirafas que tenía en la jaula, no hallaba ningúna afección, tomó exámenes y ordenó que los enviaran a un laboratorio y estuvo conversando con colegas, pero no encontró respuesta a la afección de aquellos animales.
Agotada del día, Minger salió del trabajo, con amigas, quienes, le invitaron a ir a recorrer el centro comercial el fin de semana, Minger aceptó con gusto. Sólo al llegar a casa pensó que si el problema de las jirafas empeoraba, tendría que trabajar el fin de semana. Ordenó su casa y ceno, y luego, tranquila, se puso a leer el primer capitulo de tres.
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Aidan estaba frente a un enorme ojo, un escalofrío lo recorrió entero, quiso correr, pero estaba en el espacio, no podía arrancar, en aquel extraño ojo, como el de un gato, se reflejaba Aiden: delgado, pero macizo, con ojos pardos, pelo café oscuro y con una cara de asustado, un grito se escuchó por todo el espacio, era uno de imponencia. De repente, el ojo se abrió y tragó a Aidan.
El chico despertó al alba, de golpe, estaba todo sudado y jadeando, se trató de tranquilizar, miró hacia la ventana y vió que el sol – si ése era el sol en este mundo- salía, se levantó y se fue a lavar, estaba en eso mientras pensaba en aquel sueño, lo reconoció rápidamente y trató de tener el control de sus acciones, pero aquel ojo fue más rápido, si hubiera dejado seguir el curso, acabaría quedándose dormido, y quería conocer más aquel pueblo. Se quitó los vendajes, una de sus heridas, que le llamó la atención era una larga linea que partía desde su antebrazo y llegaba poco antes del codo. “debe haber sido unos cuantos metros para esto” pensó Aidan. Se lavó con cuidado y se cambió los vendajes, se puso una polera de manga larga, para cubrir los vendajes. Y unos pantalones que había comprado ayer. Y salió, sin tomar desayuno, pues no tenía la costumbre de comer temprano.
Le dio la impresión de vivir en un lugar más antiguo que su época, pues las casas eran de colores terrosos, las calles eran de tierra o clastos compactados y no había grandes edificios, claro está, exceptuando el hospital.
Anduvo y desanduvo por la ciudad, ya cuando las tripas le empezaron a molestar, decidió comprarse algo para comer: una manzana, o un durazno. Grande fue su impresión cuando vió frutas que no sabía que existian. Hubo un locatario en especial que se enojó pues, al preguntarle sobre todas las frutas nuevas, pensaba que le estaban tomando el pelo:
-¡cómo te atreves mocoso insolente!, ¡no me pases de listo conmigo!- le gritó el dependiente.
A Aidan, le cayó mal que le hubiera dicho eso el vendedor, sintió que los pelos de la nuca se le erizaban
- ehh, no era para molestarlo señor- empezaba a decir Aidan, tratando de encontrar una forma de calmarlo.
-¿esto es parte de una broma o que?, ¿dónde están tus otros amiguitos?, o mejor ¿dónde están tus desubicados padres?- le preguntó furioso el locatario.
Aidan, quien pensaba en sus padres y amigos, al escuchar mencionarlos en la boca de semejante desvariado comerciante, se le empezó a hervir la sangre, quería pegarle una buena bofeteada, aunque fuera la primera vez que utiliza sus manos para la pelea.
Un chico que escuchaba la pelea, más flaco que Aidan y de pelo extrañamente blanco y ojos azules, decidió ayudarle, se acercó y dijo:
- Señor Rabyet, mi amigo viene de un pueblucho muy lejos, asi que no conoce las frutas de esta parte del mundo, ¿cierto?- le preguntó con aire cómplice a Aidan.
Aidan captó la indirecta, con mucho esfuerzo se calmó y asintió silenciosamente, tratando de parecer débil e indefenso, lo cual era difícil.
- toma esta fruta, es dulce - y tomo una de un montón, de color verde oscuro y una forma un tanto grotesca.
El dependiente miró a ambos y después de unos segundos se largó a reir. y diciendo cosas sobre la ignorancia de Aidan, recibió el pago de la fruta. Y ambos chicos se retiraron del establecimiento, hacia la plaza.
-de veras eres un forastero, aquí todos saben que molestar demasiado al señor Rabyet, es una locura.- le contó el chico.
- muchas gracias, me salvaste, para la próxima tendré en cuenta que no hay que molestar a las personas, en especial a esa- le dijo Aiden. Un poco incómodo por la situación vivida, más aún, tenía la rabia en la sangre.
-¿cómo te llamas?, lo de forastero parece ser cierto, ya que no te había visto antes- le preguntó el chico.
- mi nombre es Aidan, y si, soy un forastero- le respondió, tomando aire despacio- ¿y tu? ¿qué me dices?- añadió
- mi nombre es Collen, nacido y criado aquí- le resumió, mirando las vendas de Aidan, le preguntó - ¿alguna pelea dura?
Aiden, no quería decirle, pues no lo conocía mucho.
- eh... si, podría decirse que si-
- bueno, si no te adaptas pronto al lugar que vives, tendrás muchas problemas como el de hace un rato- se ofreció Collen.
Aiden con tanto ajetreo se le olvidó comer, así que miró un rato la fruta –según Collen, se llamaba Sabir, a pesar de su extraño aspecto, la probó, no estaba mal, le recordaba la granada, pero más dulce.
Como quería aprender los nombres, compró junto a Collen, una de cada fruta y verdura y en la cabaña, Aidan las dibujó y les escribió el nombre. y en la hora de almuerzo, Collen las cocinó.
Al termino del almuerzo, Collen contaba el origen del pueblo:
“Bahuer en un pueblo que se originó hace ya mucho tiempo, al principio como sede de entrenamiento para Bisolders para las guerras contra Zorces y sus subditos, pero hace ya mucho tiempo que no se sabe de él, fue derrotado en la campaña de Gujet…”
-eso es obvio, los bisoulders contra un ejercito pequeño pero leal no garantizan una victoria- le completó Aidan, sin embargo, Collen lo miró, estupefacto:
-eres raro Aidan, ¿lo sabías?, todo el mundo sabe que Zorces es un bisoulder que, reunió una fuerza increíble para fusionar varios cristales y formar uno nuevo: el Cymai e incluso fue capaz de derrotar a dos ejercitos él sólo.-
Aquella información le daba muchas vueltas en la cabeza de Aidan, así que le pidió a Collen que continuara, guardándose las preguntas para cuando se encontrase con el señor Voltren:
“lo que si se sabe fue que el lider de este pueblo, el señor Voltren, participó en esa campaña, más 4 bisoulders de élite, y luego de una feroz pelea, Zorces fue derrotado, y el pueblo vuelve a vivir en paz. Ahora nos entrenamos sólo para poder salir de este pueblucho.”
-umm, eso es interesante- dijo al final Aidan
-¿y tu cómo llegaste aquí?¿de dónde eres?- le preguntó Collen, ya que eres bastante ignorante de historia, y esto pasó hace poco – le preguntó bastante serio Collen.
Aidan dedujo que ya no podía ocultarle el hecho de que era forastero del continente, así que lo pensó bien
-buenoooo, yooo….-
Empezaba a hablar Aidan y hubo un golpeteo en la puerta, Aidan fue a abrir y se encontró frente a frente con el señor Voltren, iva vestido con una tunica de color claro con una franja de color escarlatas cruzada desde el hombro derecho, hasta la cintura:
-Buenas tardes, joven Aidan- saludó el anciano
-ehh... buenas tardes señor- le saludó Aidan- por favor, pase- le invitó.
El señor Voltren entró y vió a Collen en el comedor, estaba recogiendo los platos. Cuando éste vio al señor Voltren, sólo saludó:
-buenas tardes señor- saludó Collen
El anciano miró un par de segundos a Collen y luego le dijo a Aidan:
-he venido para preguntarte cómo van tus heridas ¿están bien?-
Aiden movió los brazos, como si nadara en aire, y luego dijo:
-están bien…..ay!!!-
De repente un agudo pinchazo recorrió su brazo, como si alguien le ensartara una aguja en él, era realmente molesto.
- parece que no lo están, joven Aidan, acompañeme al hospital, usted, señor Collen. ¿no debería estar haciendo sus ejercicios?-le preguntó el viejo, con toda la calma.
-si señor, de inmediato iré, estaba recogiendo la mesa- le contestó Collen
-me parece, Aidan, sigame, y el señor Collen dejará todo cerrado aquí- no sonaba como un pedido, sino una orden
- eh, si señor. nos vemos pronto, Collen- se despidió Aidan
- si, adiós- se despidió Collen
En el camino, Aidan notó que algunas personas le hacían saludos -“claro, si participó en la caida de Zorces, es porque fue alguien muy fuerte”- pensaba Aidan, llegaron al frontis del hospital, sin embargo, el señor Voltren no tenía la intención de entrar, sino que le dijo a Aidan:
- ven, no iremos al hospital sigueme- se lo veía pensativo
- pero mi brazo…-empezaba a decir Aidan, preocupado
- eso fue mi culpa Aidan, discúlpame, pero debía hacerlo, ahora vamos, apúrate- le dijo en voz baja y serena
-¿“qué rayos pasa aquí”?pensó Aidan caminando con el anciano, hacia el lado oeste del pueblo.
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“no entiendo nada, ojala pudiera saber que rayos pasa”
Esos fueron los pensamientos de Minger, antes de dejar el capítulo en el estante, junto con los demás leídos, era una temperada noche, de esas últimas que hay, antes de que llegase el otoño. Minger salió al balcón a tomar aire y miró la bulliciosa ciudad.
-A lo mejor es el entorno el que afecta a las Jirafas-
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