Eran las 10 de la mañana y Minger recién despertaba, la casa estaba sumamente helada, se tomó la temperatura y ésta le marcó 38.2 grados: Había aumentado la fiebre, se sentía como si hubiera tragado virutas con aceite y la tos no la dejaba en paz. Se levantó y fue a tomar los remedios que le había recetado el médico junto con un café bien cargado y caliente y un par de galletas de salvado que tenía. Luego se llevó los materiales que necesitaba para hacer su informe a su pieza y ahí empezó a hacer redacciones para la gente de la reserva por lo de las jirafas. En eso le dio la una de la tarde, cuando golpearon la puerta. Minger fue a abrir y era Stella:
-hola Minger, vaya estás peor que ayer- le decía mientras entraba
- según el médico, esta la parte fuerte del resfrio y que en esta etapa debía “guardar reposo absoluto” y con los medicamentos en mano- le explicó Minger
-que lata, yo que venía a buscarte para ir al centro comercial, junto con Ani- se deprimió Stella.
-igual me hubiera gustado ir con ustedes, pero creo que terminaría peor, pero estoy aprovechando el tiempo en hacer las redacciones de las historias de las jirafas para las reservas- le explicó Minger
-ah…bueno, entonces no te molesto más, pero te vendré a ver a la noche, para ver si estás bien- le comentó Stella, mientras se levantaba y caminaba hacia la puerta.
-está bien, y si lo haces ¿podrías traer unos pasteles de la pastelería del centro, para tomar café con ellos?- le preguntó Minger
-bueno, y vendré con Anis, porque sabrá que estás enferma y se pondrá nerviosa hasta que te venga a ver- le dijo con un tono de diversión
-ja, ja, ja,ja… está bien, tomaremos las tres once- le dijo Minger mientras Stella abría la puerta y salía
-entonces con vemos a la noche, y abrigate- se despidió Stella.
-lo haré, nos vemos pronto- se despidió Minger, y agradeciendo la preopucación de sus amigas, se fue a su pieza, allí le esperaba el trabajo, pero Minger se fijó en el último capitulo que faltaba, así que se hizo una sopa de pollo, bien ligera y después se fue a su pieza a leer el capitulo.
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Aquel ojo lo miraba otra vez, como si esperara algo, Aidan simplemente miraba, desde su posición, enredado con unas especie de cuerdas, hechas de tripas, nada podía hacer, aquel ojo se había abierto una vez y le había mostrado a Aidan, un dragón de color pardo brillante, que le mostraba los colmillos, amenazante, en ese momento a Aidan le recorría una sensación muy fuerte de pelear, matar. Apenas podía detener esos impulsos pensando “no soy un animal, ¡no soy un animal!”, entonces, cuando el ojo se abrió otra vez, Aidan se preparó, pero el ojo se lo tragó y despertó de golpe en su cama, sudando horriblemente, se levantó y fue el baño, y en el espejo, comprobó que estaba tal y como se había puesto cuando se había con el señor Voltren, así que trató de calmarse, miró el paisaje que le ofrecía la ventana de su pieza: un amanecer brillante se asomaba por el horizonte, por sobre el bosque, el río que lo cruzaba parecía un fino hilo de plata fundida “debo juntarme hoy con Tauren en las afueras del bosque, para mi exámen” pensó y se fue a lavar, luego se vistió y bajó a comer. El señor Voltren le había comprado ayer víveres para comer, por lo que sólo eligió una fruta –no Sabir – y salió a ver a Tauren.
Caminó por el camino que lo conduciría fuera de la ciudad, miró el paisaje, veía el bosque, en donde tenía que juntarse con Tauren, las campanas del campanario comenzaron a sonar distrajeron a Aidan con sus sonidos, que rebotaban en el aire. Mientras más caminaba, miraba más gente salir de sus casas, a un nuevo día. Cuando llegó al bosque, que era el lugar de entrenamiento. Lo vió salir del bosque, en su estado transformado, Aidan no se asustó, esperó que volviera a ser normal para saludarlo:
-buenos días Chico- saludó Tauren
-hola, señor Tauren- devolvió el saludo Aidan.
-oye, chico, hace frío, ¿no quieres algo caliente para beber?. Le ofreció Tauren
Aidan, quien no estaba acostumbrado a tomar mucho desayuno, pero con el frío, aceptó gustosamente. Tauren sirvió de una cantimplora que traía en un par de vasos un líquido de color azul violáceo, cuyo sabor era extraño, era dulce, pero a la vez tenía un toque amargo.
- bien Aidan, lo primero que debes aprender es a observar, ¿viste el bosque camino acá?- le preguntó Tauren
Aidan asintió, el cual miraba además por las noches.
- bien, eso lo hará más fácil. Tendrás que llegar al centro, antes del mediodía- le anunció Tauren en tono muy serio.
Aidan quedó boquiabierto, pues el bosque era grande. Tauren vió su sorpresa y le comenzó a decir tranquilamente:
- como segunda lección, deberás aprender a desconfiar en la gente, verás que este no es un mundo de hadas ni princesas, como tu crees.- le miró fijamente y añadió- le he puesto veneno a tu taza, si no llegas antes del mediodía al centro del bosque, donde está el antídoto, morirás. – finalizó Tauren.
Aidan no quería creer o que decía, creía que fuera una broma., entonces Tauren vació el contenido de su taza en un ratón que había cerca. murió al instante.
- eso fue por sobredosis, ¿cuánto tiempo será para ti?- le preguntó con malicia
Aidan estaba sorprendido, no podía hablar, no se imaginaba la posibilidad de morir en el entrenamiento.
- apúrate, tienes sólo 3 horas, para encontrar el antídoto- le aconsejó Tauren.
-por…¡¿Por qué me haces esto?!- se enojó Aidan, se le había erizado el pelo de la nuca y sospechaba que se le había cambiado el color del pelo.
- porque quiero, así te concentrarás más en encontrar el antídoto- le dijo Tauren, sin inmutarse
Aidan lo quedó mirando desafiante, pero, asumiendo lo que tenía por delante, se dio vuelta, miró el bosque y empezó a correr, internándose en él, se veía más oscuro y feo que desde la ciudad.
A poco andar se detuvo, recordó el bosque que había visto en la ciudad, con todos los detalles posibles, vio un río que procedía desde la montaña y se internaba en el bosque. Si consideraba la montaña por norte, el centro tenía que estar al este, trató de concentrarse en trazar una línea imaginaria recta, empezó a caminar rápidamente, con esa imagen en mente. Sentía el olor de la tierra húmeda a sus pies, de los sonidos de los insectos que salían volando mientras caminaba. Al cabo de un tiempo, terminó preguntándose porque Tauren lo envenenaría, a lo mejor era un veneno falso, “pero ya me las arreglaré con él” pensó. Miró hacia arriba, por el intenso forraje de los árboles, no podía distinguir la posición del sol, así que analizo de nuevo el improvisado mapa en su mente. Debía estar en la dirección correcta, en el camino, había unos troncos gigantes botados, estaban cubiertos ya por musgos y helechos, Aidan decidió saltarlo, se preparó y corriendo lo saltó, cuando llegó al otro lado una punzada de dolor se apoderó de su estómago, obligándolo a arrodillarse y a afirmarse con las manos contra el suelo.
“rayos, el desgraciado me dio veneno real, y me he agitado mucho” pensaba desesperadamente Aidan, trataba de levantarse, al alzar la cabeza vió que estaba más claro que cuando había entrado en el bosque. Así que se levantó y empezó a correr, ignorando las punzadas de dolor que lo asaltaban de vez en cuando, en el camino sintió que alguien lo seguía, se detuvo, y estando lo más silenciosamente posible trató de escuchar en los alrededores…sólo un insecto volador de colores terreos, con patas demasiado largas y cuerpo gordote y una cabeza afilada seguia por casualidad el mismo rumbo de Aidan. Él estaba distraido viendo al extraño insecto, que cayó al recibir otra punzada, la que lo obligó a vomitar, y estaba empezando a sentir hormigueos en las extremidades. Pronto perdería la sensibilidad de ellas, se levantó y siguió caminando, apoyado entre los árboles, un rato después empezó a sentir un ruido de agua: se estaba acercándose al río, caminó con más cuidado, porque la orilla era de piedras redondedas y podía caerse. El río estaba extrañamente bajo, así que cruzó, en la mitad otra punzada, la cual lo hizo enrollarse, metiendo la cabeza dentro del agua. Apenas pudo salir, y lo hizo a rastras ya que por el dolor que había estado aguantando le hizo sentirse más agotado de lo que ya estaba, vio un sapo gigante se color café musgo, le recordó la imagen (de alguna manera) de Tauren éste saltó hacia Aidan y el en el aire, le afofeteó con toda la mano, el sapito saltó lejos, chocando con las ropas.
Cuando ya pensaba que no podría más, Aidan sintió un olor que no era del bosque. Era como un olor agridulce, y estaba casi frente suyo, caminó un poco más y encontró un claro, allí reposaba en un tronco viejo y caido, una botellita de color ámbar.
Dando gracias se acercó, sin embargo, algo llegó de improviso y lo golpeó, cayó con las manos protegiendo su cabeza, con esfuerzo se comenzó a levantar y vió a una criatura muy extraña, tenía cuerpo de serpiente, pero de sus costados, emergían unas alas como las de las libélulas, con cabeza chata y de colores verdes y cafés, para camuflaje de bosque. Aidan la quedó mirando, debía conseguir rápido el antidoto.
-“Vamos, mátalo”, te ha hecho daño- le dijo una voz
Aidan pensó que no estaba sólo, miró a su alrededor y sólo vio al extraño insecto que estaba enfrente de él, en espera para atacar o ser atacado.
-no, seguramente estoy en su territorio y por eso me atacó- dijo Aidan en voz alta, para que aquella persona oculta lo escuche
Se deslizó lentamente por el costado, sin perder de vista al insecto, mientras más se acercaba a la botella, más inquieto se ponía el insecto. En un segundo, el insecto se lanza en picada hacia Aidan, éste la advierte y se hace a un lado, esquivándolo por poco, cae al suelo. En donde el veneno que le dio Tauren comienza a hecerlo perder la conciencia, recordó entonces cuando golpeó a aquel sapo en el río rogando por que sus brazos todavía respondieran, se incorporó y se acercó de nuevo a la botella, el insecto se lanzó de nuevo en picada, en el último segundo estuvo casi seguro de que la voz que le indicó en que momento golpear al sapo le dijo, más claramente que antes:
-“¡ahora!”-
Aidan sin dudar lanzó su brazo como un látigo por el lado, el cual azotó de lado al insecto, lanzándolo lejos de Aidan en el suelo, atontado
-bien, ahora, el antídoto- decía Aidan, sudando, cayó frente al tronco, pues el veneno ya le había paralizado las piernas, e iva tras los brazos. Tomo la botellita, abrió y bebió unos tragos, pero estaba tan débil que el sabor del antidoto mientras pasaba por su garganta le provocó repulsión, y vomitó parte del antídoto. Se acostó en el suelo, para descansar un rato, y juntar fuerzas, sin saber que se quedaba sin sentido, iba cerrando los ojos, encontraba el pasto como un suave colchón, y de alguna manera sentía que alguien lo miraba y que estaba cerca.
“ha de ser ese estúpido bicho”
El ojo grande comenzó a mirarlo otra vez “¿otra vez este sueño?”, sin embargo se sentía débil, así que se acurrucó en el aire, para ganar fuerzas, sentía que aquel ojo lo miraba con ese gran iris rojo. De la nada, surgieron de él muchos hilos rojos, que enrollaron a Aidan, sujetándolo fuerte. Trató de zafarse, pero estaba adolorido, el ojo se acercó un poco. “este no es mi sueño, es una pesadilla” pensó Aidan, en el centro de aquel ojo, vió fragmentos de imágenes: cuando estaba en el aire antes de golpearse contra el suelo, cuando ayudó a Sky, unas imágenes de sangre, luego, un gran dragón pardo brillante, cubierto de sangre, que lo atacaba, en el suelo había un bulto, a Aidan le llegó el irresistible deseo de atacar a ese bulto. Luego, vió a Tauren, y su imagen se rompió en pedazos de color sangre, la sensación de atacar y matar, se acrecentó, quería vengarse por lo que le hicieron esos personjes. Sin embargo otros pensamientos, los de Aidan no quería matarlo, ellos no debían morir, el mismo había sido débil al no resistir más el veneno, luchó con todas sus fuerzas, contra los hilos que le ataban, enfadándose cada vez más, hasta que le gritó al ojo rojo: “!SUELTAME!”.
Los hilos rápidamente los soltaron, y Aidan, libre y adolorido, volvia a sumirse en un lugar negro.
Ya de atardecida, Tauren salía de la pieza de Aidan, él estaba en cama, inconsciente, débil pero estable, caminó hacia el living, allí estaba el señor Voltren, sentado y contemplando el lugar:
- estará bien, ya le administre hace un tiempo el antídoto, para mañana estará mejor- le anunció Tauren, mientras, el señor Voltren lo miraba, evaluando sus acciones:
- no debiste haberle hecho ese exámen, no sabíamos bien en que condiciones físicas estaba. Fue una imprudencia Tauren.- le reprochó Voltren
- no hubo problema, lo seguí durante el viaje, por las dudas, pero estuvo a punto de completar el exámen, realmente, el chico tiene agallas, supo responder ante un ataque de un Perles…bueno, pero no supo que había uno hasta que éste lo atacó, pero lo sintió - le respondió Tauren – y bueno, dos veces me salvé de que me descubriera siguiéndolo.-Añadió
-bien, ve a terminar su inscripción en el curso, a partir de ahora eres su tutor-
Tauren se quedó mirando unos adornos que habían encima de la mesa.
-¿quieres preguntarme algo Tauren?- le preguntó el viejo
- ¿le dirás que se integre?- le preguntó sin rodeos
-no, él sólo se entrena para usar las magias del tiempo y así volver a su hogar, no permitiré que más gente se involucre en los problemas de nuestro mundo, a él no le concierne eso- le concluyó sin inmutarse el señor Voltren.
Tauren estaba decepcionado por no tener a Aidan como parte de su equipo.
- ¿has sabido algo de Sky?- le preguntó Voltren
-sólo que está en Hums, tratando de buscar información acerca de Falbor- le informó Tauren.
- bien, porque Zorces ha estado muy tranquilo, y eso me preocupa. Creo que trama algo. envíale un mensajero, que vuelva apenas termine su recopilación de información – le ordenó Voltren.
- así será – le obedeció Tauren
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Minger estaba agotada. El informe le había costado más de lo que creía, pues las jirafas tenían un largo historial en el zoológico, pues habían nacido allí. Sólo al escuchas el timbre de su despertador, se dio cuenta que eran las 6 de la tarde, así que se levantó y fue a bañar. El agua estaba extrañamente fría. “debe ser el gas, tengo que cambiarlo” pensó.
Después se vistió a preparar la once, por si llegaban sus amigas. En efecto, apenas hubo puesto el agua en el hervidor, sonó el timbre, Minger abrió y era Stella con Ami, ambas llevaban paquetes de diferentes formas.
-hola….parece que se compraron el centro comercial- saludó Minger
-es que me gustaron estas prendas, son tan lindas, y son de temporada de otoño- le dijo Stella
-mmmm….los vendedores no querían que nos fueramos- le apuntó Ami
Minger quedó incrédula ante esa frase, se sentía agotada por el trabajo.
-dejen las bolsas en el sillón del fondo- les indicó Minger
-Minger, ¿estás bien?- le preguntó asustada Ami
- no hay ningún sofá ahí- le dijo Stella, incrédula
Ante esto, el gran sofá rojo, desaparecía de la vista de Minger, al igual que sus fuerzas y su conciencia
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